El segundo acuerdo de Oslo convirtió el plan de 1993 en un sistema de gobierno temporal. Dividió Cisjordania en áreas con diferentes normas civiles y de seguridad. También estableció las reglas para las elecciones palestinas. El texto especificó las competencias del Gobierno palestino provisional.
El Acuerdo Provisional Israelí-Palestino sobre Cisjordania y la Franja de Gaza se firmó en Washington el 28 de septiembre de 1995. La Oficina del Historiador del Departamento de Estado lo describe como el principal acuerdo que puso en práctica el proceso de Oslo. Los términos Área A, Área B y Área C proceden de este sistema temporal.
Lo que estableció el acuerdo
El artículo XI y el anexo I crearon las Áreas A, B y C. La parte palestina recibió competencias civiles y de seguridad interna en el Área A. Recibió competencias civiles en el Área B. Israel conservó allí la principal responsabilidad en materia de seguridad. El Área C permaneció bajo control israelí hasta las negociaciones finales.
El acuerdo también permitió la celebración de elecciones palestinas. Transfirió determinadas competencias civiles a la parte palestina. Estableció las funciones de seguridad y las reglas para el periodo provisional.
Por qué sigue siendo importante
Las Áreas A, B y C no son realidades inmutables. Un acuerdo de 1995 las creó para un periodo de transición. Ese acuerdo aún explica por qué el poder está dividido hoy en Cisjordania.
El acuerdo transfirió competencias reales mediante negociaciones. El sistema fue parcial e inestable. Aun así, fue más allá de las promesas generales.
Por qué el periodo provisional no siguió siendo provisional
El acuerdo se concibió como una transición, no como un sistema duradero. El proceso se ralentizó después del asesinato de Rabin. Fueron necesarios más acuerdos parciales. El Departamento de Estado afirma que el proceso de paz se había estancado al final de los años de Clinton.
Su mapa detallado para el gobierno temporal entró en vigor en aspectos importantes. El acuerdo no resolvió la soberanía ni las fronteras definitivas, pero su mapa provisional todavía configura la vida cotidiana. Esto demuestra tanto el efecto duradero del acuerdo como el fracaso en completar la transición prevista.