Las personas que corean «Globalizar la Intifada» no quieren decir todas lo mismo. Algunas la describen como un llamamiento mundial contra la injusticia. Muchos judíos oyen un llamamiento a trasladar la violencia asociada con la Segunda Intifada a ciudades alejadas de Israel. Comprender esa reacción no exige adivinar la intención privada de cada persona que pronuncia la consigna. Exige tomar en serio la historia de esas palabras.
Qué significa la palabra y qué hereda la consigna
La palabra árabe intifada significa levantamiento o acción de sacudirse algo. Britannica señala que su significado lingüístico es más amplio que el conflicto israelí-palestino. El lenguaje político también carga con la historia de su uso. En este conflicto, «las intifadas» suele referirse al levantamiento de 1987 a 1993 y al período mucho más violento de 2000 a 2005. La consigna hereda ambas historias, aunque no todas las personas que la pronuncian pretendan asumir ese legado.
Por qué la Segunda Intifada cambió la carga moral de la palabra
La Primera Intifada incluyó huelgas, protestas, desobediencia civil, lanzamiento de piedras y ataques armados. La Segunda está estrechamente asociada con atentados suicidas y tiroteos contra autobuses, cafés, hoteles, mercados y clubes. La historia de la Segunda Intifada de Britannica la describe como mucho más violenta que la primera. Para finales de 2003 habían muerto unos 900 israelíes, y los ataques continuaron después. El Ministerio de Defensa de Israel mantiene un archivo sobre el período de 2000 a 2005. Los palestinos también sufrieron numerosas bajas durante esos años.
Por tanto, para muchos oyentes judíos la consigna es inseparable de los ataques contra personas comunes. Añadir «globalizar» hace que la frase suene menos como una referencia histórica y más como una instrucción para extender esa violencia.
Por qué ayuda la analogía con el KKK, si se usa con cuidado
«Globalizar el KKK» es una analogía, no una traducción. Un estadounidense que oyera esa consigna inventada pensaría en linchamientos, cruces en llamas, atentados con bombas y terror racial. La afirmación de quien la pronunciara de que solo significaba «resistencia» no borraría la historia asociada con ese nombre.
La analogía ayuda a explicar por qué una interpretación benigna no resuelve el asunto. Muchos judíos oyen «Globalizar la Intifada» a través de la historia de la Segunda Intifada, del mismo modo que los estadounidenses oirían «KKK» a través de la historia del terror racial.
Los límites de la analogía
«Intifada» no es el nombre de una organización, mientras que «KKK» sí lo es. También tiene un uso lingüístico y político más amplio. Algunas personas que emplean la consigna no apoyan los ataques contra civiles judíos. Por estas razones, las frases no son equivalentes exactos.
Sin embargo, la intención es solo una parte del discurso público. Quien elige una consigna con esta historia tiene la responsabilidad de considerar cómo la interpretará un público razonable.
Hay un lenguaje mejor
El apoyo a la población civil palestina, la oposición a las políticas israelíes, un alto el fuego, el acceso humanitario y la creación de un Estado palestino pueden expresarse sin invocar las intifadas. Elegir la consigna más cargada conserva una ambigüedad que muchos oyentes judíos perciben como amenazante.
La conclusión
A la luz de su historia moderna, es razonable que muchos judíos interpreten «Globalizar la Intifada» como un discurso amenazante y no como una defensa política neutral. La analogía con el KKK ofrece a los lectores estadounidenses una referencia conocida para comprender esa reacción. No demuestra que todas las personas que pronuncian la consigna pretendan incitar a la violencia, ni convierte las dos frases en expresiones idénticas. Sí muestra por qué las garantías privadas de una intención inofensiva no bastan.